Diferenciando entre la Infancia y la Madurez Espiritual
Descargar Estudio BíblicoLos niños son, en todo momento, una mezcla asombrosa de inmadurez y sencillez infantil. Como padres, esperamos cultivar más lo segundo que lo primero. Lo primero es egoísta, posesivo y obstinado. Lo segundo es encantador, humilde y magnánimo. ¡Qué privilegio tan maravilloso es para los padres participar en la institución familiar de Dios y cultivar la madurez en los hijos que Él nos da!
Las Escrituras están repletas de metáforas espirituales sobre la infancia y la madurez. El nuevo creyente da sus primeros pasos en su camino con Cristo, mientras que el creyente maduro avanza por los problemas cotidianos con pasos firmes. La leche de la Palabra nutre a los cristianos recién nacidos; el alimento sólido fortalece a los creyentes maduros. Este estudio analizará objetivamente nuestro nivel de madurez espiritual. Emprendamos un tiempo de introspección espiritual. ¿Qué revelan las Escrituras acerca de los límites entre la madurez espiritual y la inmadurez? Pídale al Espíritu Santo que lo impulse hacia la madurez mientras reflexiona sobre su crecimiento en Cristo. ¡Que Dios bendiga abundantemente su camino de evaluación espiritual personal!
En al menos cuatro pasajes distintos del Nuevo Testamento existe una relación entre las dos palabras griegas, teleios y nepios. Mientras que teleios se traduce como maduro, la palabra nepios denota a un niño. Estos pasajes, ofrecen un contraste claro y significativo: todo creyente necesita experimentar un crecimiento espiritual personal y constante.
El contraste entre las dos palabras no se debe interpretar como un enfrentamiento entre el bien y el mal, porque después de ser salvo, todo creyente pasa por un período de infancia espiritual —sin mencionar que todos a veces actuamos de una manera inmadura, sin importar cuánto tiempo llevemos caminando con Cristo. La santificación completa se alcanzará únicamente al encontrarnos en la presencia del Señor). La conclusión principal de estos pasajes —y del estudio— es la siguiente: ¡no debemos permanecer en un estado de inmadurez espiritual! Desafortunadamente, para el cristianismo estadounidense, muchos creyentes se caracterizan por la inmadurez espiritual. ¿Cuánto tiempo hace que conoce a Cristo como Señor y Salvador? Si ya ha pasado bastante tiempo, ¿sigue usted viviendo en una niebla espiritual?
Comencemos examinando cada uno de estos cuatro pasajes que ilustran este contraste al yuxtaponer la inmadurez espiritual con la madurez espiritual.
Pasajes que Contrastan la Infancia Espiritual con la Madurez Espiritual
Así que yo, hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podían recibirlo. En verdad, ni aun ahora pueden, porque todavía son carnales. Pues habiendo celos y discusiones entre ustedes, ¿no son carnales y andan como hombres del mundo? (1 Corintios 3:1-3).
Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (Hebreos 5:13-14).
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Entonces ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error (Efesios 4:13-14).
Hermanos, no sean niños en la manera de pensar. Más bien, sean niños en la malicia, pero en la manera de pensar sean maduros (1 Corintios 14:20).
Antes de analizar cada uno de estos pasajes y observemos cómo ilustran el marcado contraste entre la inmadurez y la madurez espiritual, es posible que ya se esté preguntando, ¿cómo pasa uno del primero al segundo? Romanos 12:1-2 explica los medios por los cuales el creyente crece desde la infancia hasta la madurez:
Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.
Como se observa en este pasaje, el crecimiento espiritual ocurre cuando el creyente es transformado por la renovación de su mente. Y la renovación de su mente se produce en la medida en que uno aprende las Escrituras y las obedece. Recuerde, las Escrituras se afirman en Hebreos 4:12:
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.
Por consiguiente, puesto que la Escritura es viva y eficaz, tiene el poder de transformarnos de la infancia a la madurez en la medida en que permitamos que la Palabra renueve nuestra mente. Por lo tanto, la renovación y la transformación equivalen a conocer y obedecer la Palabra de Dios. Para profundizar aún más, 2 Corintios 10:5 nos instruye a poner todo pensamiento en cautiverio a la obediencia a Cristo.
¿Está usted bloqueando de alguna manera la Palabra para que no transforme su forma de pensar? ¿Es la Palabra —o el mundo— lo que más influye en su manera de pensar? Al examinar más de cerca estos pasajes que contrastan a los adultos con los niños, ¿qué indicadores específicos revelados caracterizan cada nivel de madurez espiritual? ¿Cuáles de estas características lo identifican a usted?
Un análisis detallado de los pasajes mencionados anteriormente resume los rasgos característicos de la infancia espiritual.
Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales.
El uso que hace Pablo de la palabra hermanos indica que está dirigiéndose a los creyentes de la Iglesia de Corinto. Su punto es que, aunque eran salvos, no podía comunicarse con ellos de la manera usual entre cristianos maduros que hablan con otros cristianos maduros. Cuando ambos son hombres espirituales en Cristo, los creyentes pueden razonar juntos a partir de las Escrituras, porque ambos reconocen la Palabra como autoridad común, el árbitro definitivo de toda fe y práctica. Sin embargo, cuando una persona dice que es creyente pero no responde a la clara enseñanza y autoridad de la Palabra de Dios, es razonable clasificarla como un niño. Por el contrario, Pablo tuvo que hablarles como a hombres carnales, como a niños en Cristo. Solo pudo darles de beber leche, no alimento sólido, porque [ellos]todavía no podían recibirlo.
La leche, en contraste con el alimento sólido, constituye una imagen apropiada de la incapacidad del creyente para asimilar la Palabra de Dios. Muchos creyentes estadounidenses hoy son como niños que prefieren los dulces y los postres a una comida regular y nutritiva que satisfaga sus verdaderas necesidades para un crecimiento fuerte y saludable; es decir, prefieren los carbohidratos a las proteínas. La leche, en contraste con la comida sólida, constituye una imagen apropiada de la incapacidad del creyente para asimilar la Palabra de Dios. Muchos creyentes estadounidenses de hoy en día son como niños que prefieren los dulces y los postres en lugar de una comida normal y nutritiva que satisfaga sus necesidades reales para un crecimiento fuerte y saludable; es decir, carbohidratos frente a proteínas. Esta observación nos lleva a lo siguiente: los creyentes maduros en Cristo se alimentan no solo de la Palabra, sino también de comentarios bíblicos, teologías sistemáticas, historia de la Iglesia, biografías cristianas y recursos similares. ¿Cómo son sus hábitos de lectura? ¿Cómo va creciendo su biblioteca?
Hablando metafóricamente, todo creyente serio necesita estar en el gimnasio, tomando batidos de proteínas y vigilando su consumo de carbohidratos.
Dicho esto, todos los pasajes de las Escrituras contienen tanto leche como alimento sólido y pueden ministrar a las necesidades de todos aquellos que están dispuestos a escuchar la Palabra, sin importar su nivel de madurez espiritual. Tanto el maestro como el alumno tienen la responsabilidad de discernir qué quiere Dios que cada uno aprenda del pasaje que se está estudiando. Lo verdaderamente trágico, sin embargo, es que los alumnos exijan que el maestro les ofrezca únicamente leche espiritual, o que el maestro nunca profundice lo suficiente como para desafiar a los estudiantes en aquellas áreas donde son inmaduros y están pecando.
A medida que su Líder de Ministerio enseñe la Palabra de Dios, es posible que descubra que esta desafía formas de pensar ampliamente aceptadas, incluso entre los cristianos de la capital. La promoción del aborto, de los tratamientos transgénero para menores y del matrimonio entre personas del mismo sexo, así como la restricción de la expresión religiosa en la esfera pública, de los derechos de los padres y de la labor de las fuerzas del orden, son cuestiones que una investigación exhaustiva de la Biblia pone en tela de juicio.
Incluso un evento aparentemente inofensivo como el Desayuno Nacional de Oración puede llegar a ser cuestionado. La Palabra es clara: el sincretismo religioso perjudica, en lugar de favorecer, la propagación de la fe salvadora en Cristo solamente, y atrae sobre nuestra nación la ira de Dios, no su bendición. Por lo tanto, ¿puede un creyente maduro respaldar de todo corazón un evento de esta naturaleza?
Según la exhortación que Pablo dirigió a su discípulo, Timoteo, en 2 Timoteo 3:16-17, señalar la inmadurez y el pecado según la Biblia es precisamente la tarea de un maestro de la Biblia. El líder espiritual y el maestro de la Biblia serán sometidos a un juicio más estricto (Santiago 3:1) y no pueden rehuir de declarar todo el consejo de Dios (Hechos 20:27), sin importar la reacción de quienes escuchen su mensaje. (Recuerden que la mente teológica más grande de Estados Unidos, el intransigente Jonathan Edwards, fue expulsado de su iglesia porque se negó a casar a la hija de un anciano con un no creyente). ¿Desea usted sinceramente escuchar y obedecer la Palabra, o está más ocupado con sus propias ideas y su propia manera de hacer las cosas? Recuerde:
Porque todo el que toma sólo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. (Hebreos 5:13).
Los niños en Cristo tienden a evitar las enseñanzas más sustanciosas de la Palabra porque saben que esta les confrontará con sus malas acciones y que su conciencia les impulsará a cambiar. Aunque públicamente y de palabra pueden afirmar la doctrina de sola Scriptura, los niños rechazan la autoridad de la Palabra de Dios cuando esta se opone a sus deseos personales. Al igual que un bebé que intenta digerir un filete, no están acostumbrados (apeiros) a someterse a la rectitud de sus enseñanzas. Los niños que rehúyen estudiar la Palabra ponen de manifiesto su inmadurez espiritual. Incluso pueden llegar a desacreditarla en su afán de racionalizar y justificar acciones motivadas por intereses egoístas.
En verdad, ni aun ahora pueden, porque todavía son carnales (1 Corintios 3:2-3:3).
Los creyentes de Corinto habían escuchado y recibido el evangelio mucho tiempo atrás; sin embargo, seguían viviendo como si no hubieran sido salvados por Dios por medio de Cristo. Tal actitud es sumamente anormal en cualquier cristiano. Mostraban pasividad e incluso rebeldía con respecto a su nueva vida y posición en Él. Estaban rebelándose contra el mandato de Dios, pues todos los creyentes deben vivir según el Espíritu, y no satisfacer los deseos de la carne (Gálatas 5:16 RVC).
¿Cuáles son los deseos de la carne? Se describen claramente en 1 Juan 2:16: la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la arrogancia de la vida. En otro pasaje, Pablo declara de manera similar: No apaguen el Espíritu [Santo] (1 Tesalonicenses 5:19). El ministerio del Espíritu Santo en la vida del creyente asegura la victoria sobre (en relación con 1 Juan 2:16) la lujuria sexual, la codicia, y el egocentrismo— pecados demasiado presentes en el Capitolio. El poder del ministerio del Espíritu Santo es proporcional al grado en que los creyentes permiten que la Palabra de Cristo habite en abundancia en ellos (Colosenses 3:16; véase también Efesios 5:18).
Desde una perspectiva bíblica, es propio de un creyente inmaduro profesar el nombre de Cristo y, sin embargo, seguir mostrando apatía espiritual y una rebeldía latente hacia Dios al negarse a obedecer los preceptos de Su Palabra. No solo es inaceptable arrojar desde la silla alta la comida rica en nutrientes, sino que además constituye una franca rebelión.
Observe la progresión que se presenta aquí en relación con las tres primeras características: los creyentes inmaduros no escuchan los buenos consejos, se rebelan y, como consecuencia, afectan a otros miembros del cuerpo de Cristo:
Pues habiendo celos y discusiones entre ustedes, ¿no son carnales y andan como hombres del mundo? (1 Corintios 3:3).
Donde existe celos en la actitud, las discusiones serán el resultado visible. La primera es un sentimiento emocional pecaminoso e inmaduro, y la segunda es una manifestación de egoísmo y provocación. En consecuencia, los creyentes inmaduros provocan división en el cuerpo de Cristo. ¿Por qué? Porque, en su etapa de infancia espiritual, todo sigue girando en torno a ellos mismos en lugar de la gloria de Dios. El niño en Cristo tiene dificultades para despojarse del viejo yo (Efesios 4:31), de sus ambiciones egocéntricas y de su búsqueda de reconocimiento. Pero, en realidad, como dijo Pablo de sí mismo en Gálatas 2:20: Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive. Todo creyente maduro debe vivir con una actitud de muerte al yo.
Entonces, ¿por qué toda esta búsqueda de la gloria personal? ¡Nuestro objetivo como creyentes es la gloria de Dios! Cuando nos enfrentamos a una decisión entre los intereses personales y los del cuerpo de Cristo, debemos elegir estos últimos. Los que son niños en Cristo, según nos dice el pasaje, andan como hombres del mundo. O, dicho de otra forma, actúan como no creyentes.
El alimento sólido es para los que ya han alcanzado la madurez, para los que pueden discernir entre el bien y el mal, y han ejercitado su capacidad de tomar decisiones (Hebreos 5:14 RVC).
Esta parte contrastante del segundo versículo de Hebreos 5:13-14 es fácil de ver y comprender. Las personas espiritualmente maduras, gracias a su alimentación constante de la Palabra, poseen la capacidad de discernir entre la verdad y el error. Están entrenadas para ver la vida a través del lente del Libro escrito por el Autor de la vida. Un pasaje paralelo a este es 1 Juan 2:12-14:
Les escribo a ustedes, hijos, porque sus pecados les han sido perdonados por el nombre de Cristo. Les escribo a ustedes, padres, porque conocen a Aquel que ha sido desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les he escrito a ustedes, niños, porque conocen al Padre. Les he escrito a ustedes, padres, porque conocen a Aquel que ha sido desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al maligno.
Al igual que Pablo, el apóstol Juan utiliza la analogía de la maduración física para describir el crecimiento espiritual (aunque los términos griegos que caracterizan estos niveles de crecimiento son diferentes). Es importante destacar que lo que distingue los tres niveles de madurez espiritual —el niño, el joven y el padre— en la primera carta de Juan es lo siguiente: el joven y el padre se diferencian del niño en que han vencido al maligno. De este pasaje se puede aprender mucho más, pero en relación con este estudio, lo que ilustra de manera similar es que el creyente espiritualmente maduro puede y sabrá discernir la verdad espiritual del error, mientras que el niño no. En otras palabras, los niños pueden quedar atrapados en la red de la falsa doctrina o la religión. Los espiritualmente maduros, por otro lado, han llegado a comprender la verdad de 1 Pedro 5:8:
Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar.
Satanás prospera desviando a los jóvenes creyentes hacia sistemas religiosos falsos que (para quienes tienen menos discernimiento espiritual) parecen ser similares al cristianismo bíblico. Pero el adulto espiritual es capaz de distinguir la verdadera fe salvadora de las religiones falsas y las sectas, tal y como se da a entender en el tercer pasaje de la lista original:
Entonces [ellos] ya no serán niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error (Efesios 4:14).
El niño en la fe tiende a dejarse llevar por la corriente (la corriente equivocada), es decir, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá, que pueden ser o no de naturaleza doctrinal. Este versículo podría referirse a seguir a otros que provocan divisiones en el cuerpo de Cristo. Además, están engañados doctrinalmente. Fíjense en lo que dice Pablo al respecto: por todo viento de doctrina, es decir, no pueden discernir la doctrina correcta tal y como la respaldan las Escrituras. Carecen de conocimiento de la Palabra. Todo lo que saben es que «Jesús me ama y sé que mis pecados están perdonados». No es inusual que quienes se encuentran en este nivel de madurez —niños en Cristo— asistan a una institución religiosa que enseña que la salvación se obtiene de alguna otra manera que no sea solo por la fe en Cristo. (Un rasgo común en todas las religiones falsas es una comprensión antibíblica de la persona y la obra de Cristo, a menudo combinada con algún tipo de revelación extra-bíblica). Como niños espirituales, carecen de la capacidad de discernir el error de la verdad. Carecen de formación en la Palabra de Dios.
La mayoría de los creyentes en la Iglesia estadounidense actual son niños espirituales. Esto puede sonar arrogante o farisaico, pero el movimiento sensible al buscador (seeker-sensitive) presente en muchas iglesias ha producido niños espirituales con una formación muy deficiente en la Palabra de Dios. En consecuencia, se dirigen al cielo, pero mientras tanto, su capacidad para servir eficazmente a Dios aquí en la tierra es bastante limitada.
Ahora piensa en este desafortunado fenómeno en relación con los servidores públicos que aspiran a cargos más altos: en muy pocas ocasiones un presidente o un rey encarga una tarea importante a un niño. En primer lugar, el aspirante al puesto debe crecer y llegar a conocer al rey de manera personal e íntima, ganándose su confianza mediante su conducta madura y acorde con sus principios. Solo entonces podría pensar que tal vez sería designado para un cargo importante. En un sentido similar, no espere que Dios le encomiende un nivel más alto de servicio antes de haber madurado en su relación con Él.
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro (Efesios 4:13).
En este pasaje de Efesios, que vuelve a contrastar teleion con nepios, sale a la luz otra característica más de un creyente maduro. Los creyentes maduros son muy sensibles a la unidad del cuerpo de Cristo. Consideran la unidad una prioridad fundamental porque, entre otras razones, la unidad de los cristianos es la forma más poderosa de evangelización para el mundo secular. A este respecto, Jesús le dijo esto a Dios Padre en Juan 17:21:
“… para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.”
La unidad del cuerpo es sumamente importante para quienes han alcanzado la madurez en Cristo, y ellos evitarán perturbarla. Por el contrario, los espiritualmente inmaduros, como se ha visto anteriormente, se caracterizan por los celos, que conducen a la discordia, la cual a su vez conduce a la desunión.
…a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13)
A medida que el creyente se acerca más a Cristo mediante la oración y la obediencia a su Palabra, se va pareciendo cada vez más a Aquel que lo salvó. Este proceso continuo es respaldado por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Cabe señalar una vez más que la perfección en el comportamiento cristiano nunca se alcanzará plenamente en esta vida; la perfección no se logrará hasta que vayamos a estar con nuestro Salvador (glorificación). Por lo tanto, debemos ser misericordiosos y pacientes con los demás mostrando el amor ágape, y no pensar con arrogancia que tenemos la exclusividad de la ortopraxis y la ortodoxia. Es interesante observar que Pablo utiliza la palabra maduro o perfecto(teleios) en Colosenses para explicar el papel y el objetivo permanentes del pastor-maestro en este proceso de santificación:
A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo (Colosenses 1:28).
La maduración continua es un signo de la edad adulta; avanzar hacia la plenitud es algo normal en la vida cristiana. Pablo dijo a los filipenses (1:6):
Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.
No hace falta decir que quienes están madurando también se caracterizan por su humildad cuando se dan cuenta que no están en armonía con las Escrituras.
Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros (1 Corintios 14:20).
Este pasaje procede del último versículo que aparece en la lista inicial de pasajes que contrastan la Infancia con la Madurez Espiritual. El contexto de este pasaje, extraído de la primera epístola de Pablo a los Corintios, tiene que ver con el tema de los dones espirituales, pero, en un sentido más amplio, guarda relación con el tema de esta semana. Concretamente, Pablo se dirige a los creyentes de Corinto —y, por extensión, a todos los creyentes— con la exhortación de que sean maduros en su forma de pensar.
Los creyentes maduros se caracterizan por un pensamiento maduro: poseen la capacidad de comprender los principios de las Escrituras y de razonar a partir de ellos, haciendo aplicaciones sólidas y basadas en principios de las verdades que contienen, no solo en su vida personal, sino también en la formulación de políticas. Todas sus decisiones reflejarán fielmente los principios y preceptos de la revelación de Dios a través de las Escrituras. Los creyentes maduros no están desconectados de la verdad bíblica ni de su aplicación en ninguna área de sus vidas; es decir, los creyentes maduros tienen integridad con la Palabra de Dios.
Los servidores públicos maduros en Cristo son pensadores bíblicamente fundamentados que razonan a partir del fundamento epistemológico y de la autoridad eterna de la Palabra de Dios.
Proverbios 2:6 expresa esta misma idea: Porque el SEÑOR da sabiduría; de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia. Y, según Proverbios 7:4, Di a la sabiduría: “Tú eres mi hermana” y llama a la inteligencia tu mejor amiga.
Por lo tanto, a diferencia de los niños espirituales, el conocimiento verdadero y una comprensión profunda de los asuntos fundamentales de la vida son características de los adultos espiritualmente maduros. ¡Cuánta necesidad tiene nuestra nación de más servidores públicos que no solo estén capacitados, sino que también sean discernidores, promotores de la unidad y pensadores maduros en constante crecimiento! Tales personas nacen de un intenso deseo, dado por el Espíritu Santo, de crecer en Cristo.
¿Es usted un niño o un adulto espiritual? ¿Cuál de estas descripciones lo caracteriza mejor?
Niños Espirituales
- ¿Reacciona de forma negativa ante las advertencias de las Escrituras?
- ¿Son los celos y la ambición personal más importantes para usted que la unidad del cuerpo de Cristo?
- ¿Se siente incómodo en entornos donde se enseña la Biblia?
Adultos Espirituales
- ¿Ha estudiado la Palabra y puede discernir las falsas doctrinas?
- ¿Se esfuerza por unificar, purificar y proteger el cuerpo de Cristo, incluso a costa de su propio bienestar?
- ¿Es semejante a Cristo y crece espiritualmente de forma constante?
- ¿Conoce la doctrina y sabe razonar a partir de ella?
Mientras usted busca alcanzar la madurez espiritual, que este estudio le ayude a aplicar a su propia vida y vocación estos pasajes fundamentales. Al reflexionar sobre estas preguntas, recuerde las palabras que Benjamin Rush, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia, le dirigió a su hijo:
“Mantente sobrio y alerta. Recuerda en todo momento que, mientras observas el mundo, el mundo te observa a ti. Recuerda además que siempre estás bajo la mirada del Ser Supremo”.1
Que Dios le bendiga mientras reflexiona y se evalúa con esta plomada bíblica.
1 Dorie Lawson, Posterity: Letters of Great Americans to Their Children (New York: First Anchor Books, 2004), 268.
